Las
personas, muchas veces, cometemos el error de “dar por sentado”. Suponemos que
el resto de los mortales conocen lo básico e indispensable para la vida. Damos
por hecho que todos en este mundo sabemos conducir como corresponde, que disfrutamos
por igual la obra de Borges, que universalmente podemos bailar cumbia sin
perder el ritmo, que todos tuvimos acceso a la misma educación. Estas
deducciones, casi siempre, acarrean problemas.
Hace
algunos años, hubo en Santa Fe un gran incremento de casos de VIH y embarazos
adolescentes en diferentes barrios de la ciudad. Debido a esto, la municipalidad decidió enviar
a un grupo de voluntarios, entre los cuales me encontraba, para concientizar a
los jóvenes de estos sectores sobre el uso del preservativo y sus beneficios.
Era
un sábado por la mañana, los municipales dieron a cada voluntario bolsos llenos
de profilácticos y nos repartieron por diferentes sectores de la ciudad. Charlando
más tarde entre colegas, coincidimos que era increíble el nivel de ignorancia
sobre el tema, pero destacamos la cantidad de parejas interesadas en aprender
sobre el tema.
Camine
despacio hacia la primer casa y, como no tenía timbre, aplaudí fuerte. Casi de
inmediato, salieron a mi encuentro dos jóvenes que me invitaron a pasar. Se
llamaban Ana y Giovanni, ambos tenían 17 años.
-
¿Quieres un maté? –me preguntó el chico.
-
No gracias –le respondí, aunque me moría por uno.
-
Nos enteramos por la tele que iban a venir –comentó la muchacha- y que nos iban
a traer algo.
-
Justamente –comencé a decirles, con el tono más formal posible-. ¿Saben lo que
son los anticonceptivos?
-
Sí –respondió la mujer y volteó a ver a su pareja-. Sirven para no quedar
embarazada de cualquier salame
-
Esa es una de sus funciones –le dije-. Existen diferentes tipos, para las
mujeres, por ejemplo, existen las píldoras que se toman todos los meses, los
días…
-
¿Qué? ¿Tengo que tomarme una casi todos los días? ¿Vos estás loca nena?
-
También vienen algunos para hombres. Justamente quiero hablarles de uno que, y
esto es importante, también ayuda a prevenir enfermedades. Muy sencillo de usar
y puede conseguirse gratis.
En
ese momento, tomé un sobrecito del bolso junto una zanahoria que me había preparado,
y se los enseñe. Ambos miraban atentos.
-¿Qué
se hace con eso? –me preguntó curioso Giovanni.
Tomé
entonces los objetos y le respondí:
-Esto
funciona así, dentro de este pequeño envoltorio nos entontaremos con un pequeño
“globito” de látex. Es importante abrir el sobre con los dedos para que no se
rompa –abrí el sobrecito, se los enseñé y tome la zanahoria-. El primer paso es
colocar el profiláctico sobre la punta, se presiona la pequeña burbuja de aire,
de lo contrario puede romperse y lo desenrollamos. Este proceso debe realizarse
antes de realizar el acto sexual y, una vez terminado, lo retiramos, realizamos
un pequeño nudo y lo tiramos a la basura; es así de fácil. Cualquier consulta
todos estos pasos se encuentran las en las cajas, no se preocupen.
-¿Y
así de fácil no se tiene hijos? Nos viene perfecto –me respondieron ambos al
unisonó.
Ambos
me estrecharon la mano y me dieron las gracias, me ofrecieron reiteradamente
mate pero tuve que rechazarlo, tenía que pasar por muchos hogares todavía. Les
dejé una bolsa llena y les comenté que, si los terminaban, en algunos
hospitales y dispensarios podían conseguirlos gratis. Me fui feliz, orgullosa
de ambos y de mí misma, estaba haciendo algo que podía cambiar la vida a la
gente.
*
Un
año después, el municipio nos envió a realizar una suerte de evaluación de la
campaña. Estaba muy entusiasmada, quería volver a verlos a todos. Como aquella
mañana, comencé por la casa donde vivían Ana y Giovanni. Para mi sorpresa, me
atendió la joven con un pequeño bebe prendido a su pecho.
-Gracias
por venir otra vez, necesito consultarte algo. Creó que hicimos algo mal.
Me
comentó que Giovanni ya no vivía con ella, se había escapado una noche y para
siempre; nunca más volvió a verlo. Yo no sabía que decir y, luego de unos
segundos de silencio, ella comenzó a llorar, desconsolada.
-¿Qué
hicimos mal? Seguimos los pasos a la perfección.
-Puede
que se haya roto el profiláctico – le respondí-, suele ocurrir algunas veces,
pero es muy raro. Tal vez…
-¡NO!
–Remató ella de un grito-. Nunca se rompió, nos mentiste. Hicimos todo lo que
nos dijiste: abrimos siempre el sobre con los dedos, pusimos el preservativo en
la punta de la zanahoria, apretamos la burbuja, lo desenrollamos, hicimos el
amor, terminamos, le hicimos un nudo y lo tiramos a la basura. ¡Decime! ¿Qué
hicimos mal?
Ambas
nos quedamos en silencio. Ella abrazó a su bebe y yo, sin saber cómo explicarle
su error, me juré para mis adentros que nunca más daría algo por sentado.