jueves, 9 de septiembre de 2021

EL REENCUENTRO.

Qué curioso, las noches de frío son en las que más nos duele la soledad. Eso mismo pensaba Eugenia mientras se recostaba sobre su cama, cerraba los ojos y sus cabellos fluían libres sobre las sabanas. De fondo, sonaba muy suavemente una vieja canción de amor. Esa canción la hacía recordar. Sus mejillas se tornaban rojas, las comisuras de sus labios comenzaban a dibujar una leve sonrisa y una lágrima inesperada viajaba por su rostro.

Cuando terminó de sonar la última estrofa, Eugenia abrió los ojos y se sentó en el borde de la cama. Sacó de su mesita de noche un labial rojo junto a un pequeño espejo y, con mucho cuidado, repasó sus labios. Bajó la cabeza, se agachó un poco y tomó del suelo un gran álbum de fotos, lleno de recuerdos de las dos. Con los ojos vidriosos, observó minuciosamente cada una de las fotografías, reviviendo cada momento. Cuando llegó a la última de todas, una donde ambas se abrazaban y se miraban con ojos de enamoradas, cerró el gran libro, lo besó y lo abrazó con mucha fuerza; la extrañaba mucho. En ese momento, irrumpiendo en la melancolía de los recuerdos, sonó el timbre.

Del otro lado de la puerta alguien tarareaba esa canción. El corazón de Eugenia le latía con fuerza; estaba por reventar. Levantó enérgicamente su cuerpo de la cama, dejó sobre la mesita el álbum de fotos, tomó del cajón un revolver y, lentamente, comenzó a caminar hacía su reencuentro.

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