Tinder puede ser, a veces,
en una herramienta muy útil. Augusto y Nicole, solamente, querían tomar una
copa de vino con alguien, charlar, tal vez coger un rato y pasar una noche
tranquila; ambos estaban tan solos. Habían conversado algunas veces e
intercambiaban de vez en cuando algunos mensajes, pero era la primera vez que
se veían en persona. Estaban en el departamento de él, un monoambiente hermoso
cerca de barrió Candioti, sentados en la cocina comedor.
-¿Quieres que traiga un
poco de vino? –le pregunto él, tímidamente.
-Me parece bien –respondió
ella, con la voz un poco temblorosa.
Augusto se puso de pie,
estaba dispuesto a buscar una botella que había dejado en el congelador media
hora antes. Tenía muchas ganas de conversar con Nicole, pero los temas no se
hacían presentes, no fluían. Les costaba mucho entrar en confianza. En ese
momento, algo hizo detener en seco a Augusto, un frio le recorrió la espalda y
lo hizo clavarse al piso; un suceso reciente, fresco todavía en su memoria, no
lo dejaba tranquilo.
Nicole, todavía en su
silla, notó algo extraño en su anfitrión.
-¿Te pasa algo? Estas
pálido –le dijo, levantándose de su asiento-. Ven conmigo ¿Por qué no te sientas?
-Estoy bien, no te
preocupes, fue un día largo –le respondió él.
-Algo te pasa, tal vez te haga
bien hablar del tema. Si lo necesitas, acá estoy.
Augusto no había hablado
del tema con nadie, era un hecho muy reciente en su vida. No estaba listo. Pero,
al ver a Nicole a sus ojos verdes y seguir el recorrido de su rostro, algo se movió
dentro de él. Comenzó a pensar las palabras justas y decidió contarle.
- Alejandro Rodríguez, mi
mejor amigo murió ayer por la noche, salió en todos los noticieros de esta
mañana.
Nicole se sorprendió
enormemente. Sabía del caso, lo había leído en el diario, pero no sabía que
fuera un amigo de Augusto, ni que estuviera muerto.
-Encontraron su auto
abandonado por el norte –agregó él-. Creen que se escapó con su mujer. Ambos
desaparecieron, se que su familia no quería a su pareja, pero él no era de los
hombres que se fugan sin despedirse antes de su madre. Sé que está muerto, lo
siento en el cuerpo.
Augusto empezó a llorar,
era muy pronto para hablar del tema. Nicole, sin saber que hacer, se levantó de
su silla y le dio un suave abrazo. La confianza comenzaba a surgir.
-Era como un hermano para
mí -dijo él-. Desde los 5 años nos volvimos inseparables. Era buen mozo,
seductor, elegante, morocho, ojos negros; era hermoso. Fue una lástima que se
enamorara de esa mujer horrenda, que lo llevó por malos caminos. No quiso
escucharme. Alejandro rechazó todas mis sugerencias a pesar del cariño que nos
tuvimos siempre. Sé que iban a casar dentro de poco.
-Ojala estés equivocado y los encuentren
pronto –dijo Nicole, cabizbaja.
Ambos quedaron en silencio.
Augusto miraba al techo y ella lo observaba, por primera vez, lo observaba.
-Argentina se está
volviendo cada vez más peligrosa de noche, es una lástima –comentó ella.
-¿Quieres buscar algo de
vino? Hay en aquel congelador –le dijo Augusto, señalando la otra punta de la habitación-,
voy a buscar unas copas.
La noche podría haber
terminado así, los dos disfrutando una buena botella de vino, escuchando algún
disco, rogando por un error en la hipótesis prematura de Augusto. Nicole se dirigió al congelador, ambos
necesitaban un poco de vino, el ambiente estaba tenso, abrió cuidadosamente la
puerta y dio un grito desgarrador, sus ojos no daban crédito a lo que veían.
Fue en ese momento, al escuchar esos gritos, en que Augusto decidió levantarse,
no darle tiempo a escapar y cerrar la puerta con llave.
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